Melasma
Detrás del melasma hay algo más que un exceso de pigmento: es la expresión en la piel de un conjunto de factores que conviene entender para poder controlarlos.

Entender el melasma
Llamamos melasma a esas manchas marrones o grisáceas que aparecen sobre todo en mejillas, frente y labio superior. Con frecuencia aparecen tras un embarazo, con anticonceptivos, con el sol o con el calor, y tienden a volver cada verano.
Si has probado cremas y tratamientos sin resultado duradero, no es culpa tuya: el melasma es una condición compleja, crónica y recidivante, y suele responder cuando se trata desde varios frentes a la vez.

Lo primero: saber que es un melasma
No todas las manchas de la cara son iguales, y no todas se tratan igual. Antes de plantear cualquier tratamiento hay que diferenciar el melasma de otras lesiones pigmentadas —manchas solares, marcas que deja una inflamación previa y, sobre todo, lesiones que requieren un estudio específico—. Una mancha que cambia de tamaño, color o forma se revisa antes de tratarse, y en ocasiones requiere realizar una biopsia. Tratar una mancha sin diagnosticarla es un error frecuente, y algunos tratamientos empeoran el melasma si la indicación no es correcta.

Por qué el abordaje es integral
Durante años se pensó que el melasma era simplemente un exceso de actividad de las células que fabrican el pigmento (los melanocitos).
Hoy sabemos que ocurren más cosas en la piel: hay inflamación, vasos sanguíneos más activos, alteraciones en las capas profundas y células que envejecen antes de tiempo. Todo ello mantiene la mancha activa y favorece su recurrencia.
Esto explica dos cosas: por qué el melasma es tan persistente y por qué un único producto rara vez es suficiente. Al tratarlo, debemos abordar todas esas causas. No hay un producto o un procedimiento milagro.
- Fotoprotección de amplio espectro, frente a la radiación ultravioleta y también a la luz visible. No es un complemento: es la base, y sin ella ningún otro paso se mantiene en el tiempo.
- Tratamientos tópicos que actúan sobre el pigmento más superficial y calman la inflamación.
- Tratamientos orales, en los casos que lo requieren, para el componente inflamatorio, vascular o el pigmento más profundo.
- Procedimientos en consulta, como el microneedling o determinados láseres, reservados para casos seleccionados y siempre con indicación e intensidad ajustadas.
- Rutina cosmética adaptada a tu piel y al resto de tratamientos o procedimientos que se realicen.
- Hábitos: una alimentación equilibrada, el descanso y el manejo del estrés como apoyo general, sin sustituir al tratamiento.
Qué puedes esperar
El objetivo realista no es borrar la mancha en una sesión. Es aclararla, mantenerla controlada y espaciar las recaídas, con un plan sostenido en el tiempo y revisiones que lo van ajustando según cómo responde tu piel.
En la primera consulta valoramos tu piel, identificamos los factores que están manteniendo el melasma y diseñamos un plan realista, con sus tiempos y sus límites explicados desde el principio.
¿Empezamos por el diagnóstico?
Si te preocupan las manchas, el primer paso es una valoración dermatológica que identifique qué mancha es y cómo tratarla con seguridad. Puedes solicitar cita en la consulta de la Dra. Cristina Moya en Clínica Esther Alcolea (Albacete).